Escenarios concretos donde nuestra metodología de auditoría + IA genera impacto medible en operaciones reales.
Un estudio contable con 80 empleados factura servicios recurrentes a más de 120 clientes. Los contratos tienen distintas condiciones, ajustes por inflación y servicios adicionales. La facturación se arma a fin de mes cruzando 4 planillas de Excel distintas. Cada mes aparecen diferencias: servicios prestados que no se facturaron, montos desactualizados, y notas de crédito que nadie recuerda haber emitido. El área de cobranzas persigue pagos sin saber el estado real de cada cuenta.
Una cadena de retail con presencia nacional trabaja con más de 30.000 proveedores y terceras partes. La evaluación de riesgo de cada uno se hacía con formularios en Excel que se enviaban por mail, se completaban a mano y se archivaban en carpetas compartidas. No había forma de saber qué proveedor tenía documentación vencida, cuál presentaba riesgo reputacional o regulatorio, ni de generar un ranking actualizado. Compliance pedía reportes y el equipo tardaba semanas en armarlos cruzando planillas.
Una empresa con +2.000 empleados tiene un programa de awareness de ciberseguridad: campañas de phishing simulado, capacitaciones obligatorias y comunicaciones periódicas. El problema es que todo se gestiona a mano. El equipo de seguridad arma las campañas de phishing en una plataforma, las capacitaciones en otra, y los reportes los consolida en PowerPoint copiando datos de 3 fuentes distintas. Nadie puede responder en tiempo real cuántos empleados completaron la capacitación del mes, cuál es la tasa de click en phishing por área, ni quiénes son los reincidentes. Cada informe mensual para el CISO toma 2 días de trabajo manual.
Un estudio con 35 abogados lleva más de 800 causas activas entre fueros civil, comercial y laboral. Los vencimientos procesales se rastrean en una planilla que nadie actualiza a tiempo. El año pasado se perdió una causa por caducidad de instancia: nadie vio que el plazo se había vencido. La facturación a clientes es otro problema: cada abogado registra horas a su manera (o no las registra), y a fin de mes se factura de memoria.
Un centro médico con 6 especialidades y 30 profesionales factura a 12 obras sociales y prepagas distintas. Cada una tiene su nomenclador, sus códigos de práctica y sus reglas de autorización. La administrativa carga las prestaciones a mano en el sistema de cada financiador. Los errores son constantes: códigos mal asignados, autorizaciones vencidas, prestaciones que requieren documentación que nunca se adjuntó. El resultado: el 18% de lo facturado vuelve como débito o rechazo, y recuperarlo lleva meses de reclamos.
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